Mirar al cielo y caer al suelo

Con o sin fundamento muchas veces dejamos de fijar la vista en nuestro objetivo, si es que lo tenemos, y entonces es cuando te distraes, por ejemplo, mirando al cielo. Justo en ese instante todo se desmorona y caemos al suelo, da igual cómo o cuándo, pero caemos y duele.

Nunca he pensado en la consecuencia del acto, por lo que me he caído muchas veces, y aún hoy sigo haciéndolo. Se me hace duro ver cómo la decrepitud avanza en mis abuelos, cómo tenemos que alejarnos de lo que queremos por no poder ser lo que alguien (o los demás) esperan.

Nos conocimos hace muchos años, fuimos felices juntas, y luego todo terminó.

Ahora me veo perdida, desubicada, sola ante un sinfín de emociones. Me desborda el corazón pensar que nadie piensa en mí. Me caigo al suelo cuando miro al cielo porque mis piernas se tambalean, es como tiritar con el frío pero no es Noviembre. O quizás en mi mente sí.

Aprender a vivir sola, a gestionar las emociones sola, a vivir la vida sola, a escribir un mensaje a alguien; que no te conteste y sentirte sola. Después de la soledad aparee la tristeza, y con ella el bicho.

Llevo más de un mes sin consumir alcohol ni fumar porros, llevo mucho más de un mes tomando una pauta de medicación contra la depresión y la ansiedad. Llevo más de un mes desde que me fui. Los días se hacen eternos cuando me siento triste, cuando me siento sola.

Debo mirar al suelo constantemente y caminar recto sin salir de la vereda, pero en cuanto miro al cielo...me caigo al suelo. No puedo evitar mirar (te). Y me caigo siempre, siempre me has hecho caer. No aprendo del error, de tu esencia, de tu manera de dar a cuenta gotas el elixir que me sacia... De tu manera de ser tan tú, de tus problemas.

Sigo caminando para hacer camino, y la cuesta cada vez se hace más grande. Es un proceso, una metamorfosis que no sé a dónde me llevara, pero dependo del amor como nuestro cuerpo del agua. Y ahora estoy deshidratada, triste y sola. Espero aprender a caer algún día, para que duela menos.

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